Ahora no sé si te perdí o si tú me perdiste a mí, pues ese día en que tú decidiste que dejáramos de ser dos para convertirnos en uno y uno para que cada quien siguiera su camino por separado, sabía que mi orgullo y dignidad era mayor que el amor que te tuve y que no iba a salir corriendo tras de ti para intentar arreglar la relación que ya estaba completamente rota. Ya no iba a haber un “nosotros” nunca más.
Aun así, sabiendo que ya no había marcha atrás, una parte de mi esperaba que recapacitaras, que volvieras a buscarme, que te disculparas, me abrazaras y me besaras, pero nada de lo anterior pasó. Pensé que no serías tan cobarde como para dejarme así, rota, incompleta, que ibas a hacer las cosas bien.
Tengo miedo caminar por la calle, oler tu perfume y buscarte entre la gente, tengo miedo de que ruede una lágrima y me sepa a tu recuerdo, tengo miedo de soñarte y despertar dándome cuenta que ya no tengo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario