jueves, 21 de noviembre de 2019

No puedo.

Me aleje un tiempo de la escritura para poner en acciones lo que debería hacer, creo que no perdí el tiempo, creo que logre lo que tenia en deuda, creo que triunfe. 
A pesar de todo el dolor que sentí durante años, pude entender que solo se sale cuando pones en acciones lo que las palabras dijeron muchas veces, el rehacer tu vida, el sembrar caminos y el andar. (Mas que todo el andar)...
Ahora que todo esta mas claro, veo veces que la angustia puede volver, pero no me detiene, simplemente porque ya conozco lo que se siente el no poder hacer nada cuando todo por lo que luchaste no sirvió de nada, entonces no me da miedo. Si, yo sentí miedo de sentir de nuevo tristeza, pero hoy ya no. 

Entonces me puse a pensar que muchas veces a escritura fue mi hogar. Donde escribir hacia ver que todo lo que pasaba alrededor mio era parte de la vida misma, y me anime: Me anime a poner en palabras lo que el dolor no me dejaba hacer, y pude hacerlo, pero hace tiempo que ya no. 
Ya no pude poner en textos lo que me pasa porque no se compara con lo que fue, hoy en día puedo decir que estoy bien, muy bien. 
Y cuando empezas a querer redactar, te das cuenta de que no hay nada que contar, hasta que llega el fin de un ciclo. Como este por ejemplo, se esta yendo otro año, y fue un año en donde viví predispuesta a cambiar todo eso que jamas me dejo avanzar, y lo logre. 
Entonces, no puedo volver a redactar desde el dolor, no por ahora. 
No puedo sentir lo mismo que sentí, porque ya avance.
Y no puedo poner en letras lo que recuerdo de aquel dolor porque lo supere. Y te olvide.
Por eso celebro, que cada año que pasa me hace ver que si puedo lograr lo que me proponga, pero que para hacerlo, debo dejar de sentir dolor y poner los pies sobre la tierra.
No puedo volver, porque la historia me lleva a madurar. Y madurar implica cambiar, y sin embargo, la pasion por escribir sigue intacta.

Tengo que empezar a escribir desde otro lugar. 

domingo, 22 de septiembre de 2019

La mesa de los domingos, el aire fresco y el sol. Las ganas de abrazar la vida y agradecerle por todo lo que nos da. Las ganas de vivir sin explicar el por qué de muchas cosas, las ganas de mirar a los ojos al mundo y gritar que no se puede vivir preso del pasado. 


Levantarse, estirar los brazos, abrir los ojos y darme cuenta de que todo sigue ahí, como lo recuerdo. Que nada cambio. 

Seguir los pasos que di hasta llegar a ser lo que hoy soy y no arrepentirme de ser quien quiero ser, no temer a que el futuro me traiga nuevas formas de ver la realidad y quererme. El principio del fin empieza en quererme como siempre fui, y no querer que el universo se complote para hacer que esto cambie. Es aceptar. Aceptar que la vida no tiene más que traernos a lo que supimos entregar y supimos ser, por eso mismo me alegro de que todo siga su camino, que aunque no estes conmigo y aunque no estemos después de tanto tiempo, podamos ser. 

Aún recuerdo todos los domingos que me extrañe. Porque soy esto. No hay mucho más. 

domingo, 28 de julio de 2019

La cumbre del abismo.

Espero poder cruzarte en esos lugares llenos de gente y mirarnos, y no decir nada, pero saber que estamos, que aunque la vida nos tire a direcciones contrarias nosotros seguimos caminando firmes con la esperanza de algún día ser uno solo. 
Yo te espero todavía, yo creo que aunque estemos escalando en la cumbre de un abismo, nos vamos a volver a enfrentar, y ese día va a ser cuando por fin admitas que todo esto no fue casualidad. 

martes, 25 de junio de 2019

Por qué centrarme en todo lo que me hizo daño? Por qué no agrandar el corazón?
Si cada paso que doy estoy más cerca de lo que quiero. Y si cada tormenta que viene, me hace oír que tengo razón.