Y la vida te empieza a dar golpes paulatinos, de esos que no vemos y que no duelen lo suficiente como para pararlo todo. Y de nuevo comienza el ruedo, y nos encontramos con que el mundo que mirábamos hacia 2020 no existe, y pensamos en todo lo que podríamos hacer si esto no estuviera sucediendo, y nos paralizamos.
Entonces miras hacia atrás, una y otra vez preguntándote que hiciste mal, y las respuestas caen como estampida sobre una mesa llena de dudas. Y si, todo estuvo mal? Y si las probabilidades de que el amor, ( o lo que pensábamos que lo era) fueran tan pocas que hoy todo debe oler a muerte? Porque el mundo paralizado ante un eminente final es algo que muy pocos podríamos saber, o que temíamos, porque escribir sobre finales es muy fácil cuando los inventamos, pero y cuando ellos nos inventan a nosotros? Nunca se me ocurrió poner las preguntas al revés, siempre fui yo la que preguntaba, pero y si el mundo quería preguntar? Yo jamas lo deje.
La muerte viene y te avisa un día que esta dando vueltas por tu barrio, así de simple. Capaz solo quiere conversar, capaz solo viene advertirte. Lo que pasa es que subestimamos el poder que tiene el mundo de hacerte ver que todo termino, sin ni siquiera avisarte y sin dejarte opinar. ( Y lo sabiamos).
Dentro, muy dentro de algún lugar teníamos la intuición de que esto podía pasar, pero como acostumbramos, lo tapamos de cemento como a casi todo lo que no conocemos, y lo dejamos en ese lugar donde nadie se anima a transitar, y después sucede lo obvio: Nos chocamos. Y el problema de chocar no es sentir dolor, sino saber que lo que viene no se conoce, porque como siempre existe la posibilidad de que conozcamos al amor, a la muerte muy pocos la conocen, y honestamente a ella no le gusta histeriquear.
No hay comentarios:
Publicar un comentario