Algo se movió en nosotros, fue difícil no demostrarlo; a veces nuestros ojos dicen más que nuestros labios. Y no sólo los ojos, también las mejillas, también nuestras manos. Después de un rato la conversación de rutina comenzó, actualizando las malas pasadas y todo lo que ha sucedido mientras las ausencias mutuas tomaban lugar en nuestras vidas.
Sentí aquella chispa al, por error, rozar nuestras manos. Supongo que jamás pasará por alto aquel escalofrío cuando nos tenemos cerca. La confianza seguía intacta al igual que la seguridad de decir cualquier mal chiste y esperar una carcajada a cambio.
Nada se comparará nunca a aquella sensación de mirar tu sonrisa inesperada, después de tantos sueños inconclusos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario