No te pases un pelo de listo, no inviertas en cristos, no te hagas el tonto,ahora que sin saber, hemos sabido, querernos, como es debido, sin querernos, todavía...Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, supongamos que hablo de Madrid, no soy yo, ni tú, ni nadie son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj y le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa, a cambio de sus besos y su prisa, ¿Y qué decir del crítico que, indignado, me acusa de jugar demasiado a la ruleta rusa? La noche que perdiste el miedo al miedo fue tan corta que dura todavía.
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