lunes, 29 de julio de 2013

Esta sala de espera, sin esperanza.

Este rosario de cuentas infelices calla más de lo que dice pero dice la verdad.Este teléfono sin contestador, lo llamaré mañana, hoy se me hizo tarde, esta forma tan cobarde de no decirnos que no.Este contigo, este sin ti tan amargo, este reloj de arena del arenal,esta guerra civil, este mano a mano, estos moros y cristianos, este muro de Berlín.Este virus que no muere ni nos mata, esta amnesia en el cielo del paladar, la limusina del polvo por Manhattan, el invierno en Mar del Plata, los versos del Capitán.Este valle de fábricas de tristeza, esta espuma de certeza, esta colmena sin miel.Estos huesos que vuelven de la oficina, dentro de una gabardina con manchas de soledad.

La verdadera palabra que me cuesta cargar en este momento, es la de la larga espera, que no cura tristezas, que no alarga esperanzas, que no contesta dudas. Pero que si deja marcas, pero que si duele, pero que si me pone entre medio del si o del no, del poder, del no poder, del vivir, del sobrevivir. 
 

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